Cuando un emprendedor inicia su actividad (especialmente cuando viene de ser un trabajador por cuenta ajena), uno de los principales problemas a los que se enfrenta es cómo organizar su trabajo, cómo asegurar la productividad en su labor y cómo hacer para que el tiempo trabajado sea proporcional a los problemas solucionados. Hoy os queremos dar unas claves para responder a la pregunta: ¿cómo me organizo sin jefe?
Cuando trabajamos solos y no hay nadie que nos supervise, lo primero que tenemos que aprender es que necesitamos “fiscalizar” nuestra actividad por nosotros mismos. Es decir, aprender a controlar y pilotar aquello que hacemos. Una de las sensaciones que me transmiten los emprendedores cuando vienen a que les ayude es que no tienen tiempo para todo y sienten que van “a salto de mata”; o lo que es lo mismo, son las circunstancias las que marcan su agenda. Y aunque esto no tiene por qué ser negativo, sí es verdad que trabajar únicamente de manera reactiva, en lugar de proactiva, genera estrés y ansiedad que conducen normalmente a la sensación de que no somos capaces de controlar nuestro trabajo. Por ello os proponemos varias acciones que podéis aplicar desde hoy para mejorar vuestra organización y trabajar de manera proactiva.
Organizarse sin jefe no es una utopía, es una obligación.
No olvides tus objetivos
Ten presente cuáles son tus objetivos principales y recuérdate siempre las causas que te llevaron a emprender. Muchos emprendedores, cuando están en plena vorágine y sienten que no avanzan, comienzan a desmotivarse. A veces solo necesitan recordar por qué empezaron. Repasa tu plan de empresa, tu visión y misión, y usa esa energía inicial como motivación.
Haz listas y define prioridades
Empieza por sentarte en un lugar tranquilo y listar todo lo que tienes que hacer. Para facilitarlo, empieza por bloques grandes.
Por ejemplo, un abogado puede tener:
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Trabajar en los casos asignados
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Atender clientes
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Formarse
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Actualizar su blog
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Realizar acciones comerciales
Después, baja a tareas más específicas dentro de cada bloque y ponles fecha. Luego asigna un valor o prioridad. Esto te ayudará a ver con claridad el camino, en lugar de sentir que todo es una maraña sin orden.
Dedica tiempo a organizarte
Reserva en tu agenda un momento semanal para organizarte y revisar qué has hecho.
Ejemplo:
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Lunes por la mañana: listar y programar la semana
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Final de semana: revisar qué se cumplió y qué no
La organización constante mejora tu productividad real.
Sé realista y previsor
Es muy común sobreestimar el tiempo y nuestras fuerzas. No planifiques una jornada completa, deja huecos para imprevistos, llamadas, visitas y retrasos.
Empieza siempre por:
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Actividades ineludibles
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Luego completa los huecos según prioridades
Delega
Si gestionas equipos, la delegación es clave.
Una fórmula útil es el método de las 3 acciones:
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3 cosas que tengo que hacer
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3 cosas que tengo que hacer hacer
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3 cosas que tengo que enseñar a hacer
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3 cosas que tengo que planificar para hacer
Delegar no es abandonar responsabilidades. Es crear equipo y ganar eficiencia a medio plazo.
Olvídate del papel
Evita los post-it, notas sueltas y cuadernos perdidos.
Organiza toda tu información en un solo lugar: una app, un archivo digital o tu calendario. Esto evita pérdida de tiempo y duplicación de tareas.
Termina lo que empiezas
Nada genera más estrés que tener múltiples tareas sin acabar.
Finalizar tareas:
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Motiva
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Da sensación de control
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Aumenta la productividad
Divide las tareas grandes en pequeñas para poder completarlas.
Descansa y vacía tu mente
Tan importante como trabajar es descansar.
No estés pensando continuamente en lo pendiente; para eso ya tienes un sistema de organización.
Si surge algo nuevo, anótalo y plánificalo después.
El presentismo (creer que hay que trabajar 24 horas) solo destruye productividad.
Tu mente necesita oxigenarse; si no descansas, lo hará por ti… pero en el peor momento.
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